
T. de Temerarios. Y que conste que aquí nos coloco a todos. Resulta asombrosa la transformación que sufrimos al volante. Eso sí, los hay que son para echarles de comer a parte. Algunos descerebrados sin personalidad que encuentran en los automóviles una falsa sensación de poder y respeto que no son capaces de ganarse en la vida cotidiana. Para ellos, que atentan contra sus propias vidas y juegan con las de los demás vaya, por delante, mi más profundo desprecio.
R. de Reprimenda. Nada. Ni los avisos, ni las limitaciones y mucho menos las sanciones, nada parece ser eficaz, de momento, ante esta debacle.
A. de Alboroto. El que se ocasiona cada vez que ocurre otro triste suceso. Cada vez menos, por cierto, lo de los alborotos, cada vez más lo de los tristes sucesos. Al final, una cosa sumada a la otra, en total, nada.
F. de Facilidades. Inmensos los esfuerzos que han realizado los diversos gobiernos en esta materia, una de las pocas cosas en las que no veo enfrentamiento.
I. de Inconsciente. Huye de cualquier persona a la que puedas otorgarle este calificativo, sobre todo al volante. Me siento tentado de volcar, nuevamente, toda clase de improperios y descalificaciones hacia ellos pero baste, por ahora, con la intención.
C. de Concienciación. Asignatura que debería ser obligatoria, a partes iguales con la teoría y la práctica, para sacarse el carnet de conducir. Vital, notable, trascendente... sin gritar y escribiendo, es a lo más que puedo llegar para llamar tu atención sobre este concepto.
O. de Optimismo. Sólo cabe esta posibilidad ante el futuro. Medidas se están tomando, pero de nada sirven si nosotros no ponemos remedio. Tener un coche nos ofrece una enorme libertad, del mismo modo, debemos hacer uso de la responsabilidad que conlleva este ejercicio. Volveré a repetirlo, liberta y responsabilidad. No se concibe la una sin la otra.