lunes, 21 de septiembre de 2009

T.R.A.F.I.C.O.


T. de Temerarios. Y que conste que aquí nos coloco a todos. Resulta asombrosa la transformación que sufrimos al volante. Eso sí, los hay que son para echarles de comer a parte. Algunos descerebrados sin personalidad que encuentran en los automóviles una falsa sensación de poder y respeto que no son capaces de ganarse en la vida cotidiana. Para ellos, que atentan contra sus propias vidas y juegan con las de los demás vaya, por delante, mi más profundo desprecio.

R. de Reprimenda. Nada. Ni los avisos, ni las limitaciones y mucho menos las sanciones, nada parece ser eficaz, de momento, ante esta debacle.

A. de Alboroto. El que se ocasiona cada vez que ocurre otro triste suceso. Cada vez menos, por cierto, lo de los alborotos, cada vez más lo de los tristes sucesos. Al final, una cosa sumada a la otra, en total, nada.

F. de Facilidades. Inmensos los esfuerzos que han realizado los diversos gobiernos en esta materia, una de las pocas cosas en las que no veo enfrentamiento.

I. de Inconsciente. Huye de cualquier persona a la que puedas otorgarle este calificativo, sobre todo al volante. Me siento tentado de volcar, nuevamente, toda clase de improperios y descalificaciones hacia ellos pero baste, por ahora, con la intención.

C. de Concienciación. Asignatura que debería ser obligatoria, a partes iguales con la teoría y la práctica, para sacarse el carnet de conducir. Vital, notable, trascendente... sin gritar y escribiendo, es a lo más que puedo llegar para llamar tu atención sobre este concepto.

O. de Optimismo. Sólo cabe esta posibilidad ante el futuro. Medidas se están tomando, pero de nada sirven si nosotros no ponemos remedio. Tener un coche nos ofrece una enorme libertad, del mismo modo, debemos hacer uso de la responsabilidad que conlleva este ejercicio. Volveré a repetirlo, liberta y responsabilidad. No se concibe la una sin la otra.

lunes, 31 de agosto de 2009

G.R.I.P.E. - A.


G. de Glacial. Mientras el calentamiento global decide si se manifiesta con toda su fuerza, por ahora, en verano hace calor y en invierno frío. Considerable la preocupación ante la llegada de las bajas temperaturas y como consecuencia, la proliferación de virus.

R. de Resfriado. Hasta hace poco una enfermedad en la que casi todos nos automedicamos y sobre el que cada uno de nosotros tiene un tratamiento preferido.

I. de Ignorancia. La que manifestamos debido a una curiosa contradicción a la hora de recibir información sobre el tema en cuestión. Unos por exceso y otros por defecto. Finalmente, nadie lo tiene claro y lo peor de todo, las autoridades tampoco parecen tenerlo transmitiendo impotencia e inseguridad.

P. de Pánico. Situación que puede producirse ante la temida avalancha de supuestos casos y la falta de vacunas o planificación al administrarla.

E. de España. Por poco que parezca, el goteo de episodios, su variedad geográfica y el triste desenlace en más casos de lo que a todos nos gustaría, propicia la desconfianza. No basta con llegar al hospital, dependiendo de las circunstancias, allí tampoco pueden hacer mucho por ti.

A. de Aguardar. Quedar a la espera de los acontecimientos y participar, en la medida de lo posible, en una rápida solución para semejante trance.

jueves, 20 de agosto de 2009

C.A.L.O.R.


C.
de Calentamiento. De calentamiento global exactamente, el que estamos sufriendo según todos los informes sobre el tema de moda. ¿Cuidar nuestro planeta? sí. Que hablar del calentamiento es una moda alarmista para sacar dinero en subvenciones para su estudio, también.

A. de Agobio. El que se siente ante la subida de las temperaturas. El mismo, también, que disfrutamos ante la masificación de las costas y las montañas. Toca tener paciencia y pensar en la recompensa.

L. de Labios. Los de ese amor de verano que casi todos hemos tenido. Algunos, hasta hemos podido besarlos... “uuummmmm” y en más de una ocasión. Maravillosos recuerdos.

O. de Oasis. Normalmente repletos de vegetación y manantiales, pero para mi, un oasis es cualquier sitio en el que estés tú, amigo lector.

R. de Reposo, el que muchos necesitan tras semejantes hazañas veraniegas. Al final va a ser cierto eso de que nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.